LA CONCEPCIÓN DEL SABER, EL MAESTRO Y
LA ESCUELA.
Por Andrés Felipe Muñoz C.
Pensar y aprender en una pedagogía de competencias, propone
un argumento muy interesante para sustentar la necesidad de cambiar
radicalmente y de una buena vez, las estructuras y metodologías tradicionales,
que fueron efectivas en su momento, por una pedagogía del concepto que propenda
por la formación de individuos innovadores de la cultura y no solamente
reproductores de la información descontextualizada y sin duda alguna –
desactualizada. De igual manera, se despliega una gran cantidad de
características del nuevo saber, del nuevo maestro - y por supuesto - de la
nueva escuela, tan necesario en nuestro tiempo, que urge de individuos que
puedan comunicarse en el lenguaje de las nuevas ciencias, la tecnología y las
tendencias globales; para entrar a participar en la comunidad internacional y
mundial. Los mismos lineamientos curriculares lo plantean, como una
intencionalidad y una preocupación general:
“Múltiples civilizaciones hoy en día se confrontan en el ámbito mundial, en una
competencia intelectual que determina el acceso desigual a recursos, calidad de
vida y creatividad. Tales procesos exigen una nueva manera de percibir el
mundo, de generar una comunicación intercultural, de tal manera que los actores
sociales tengan la posibilidad de afirmar su identidad, de desarrollar sus
habilidades necesarias para interactuar y tener al mismo tiempo reconocimiento
como creadores"
El saber está dado en las áreas de conocimiento; un
conocimiento que ya está construido y que hace parte de la estructura social.
De esta relación del individuo – sociedad, salen los preconceptos que cada uno
de los individuos internaliza de su entorno – que pueden ser ciertos o
equivocados- y los convierten en la base fundamental para deconstruir y
reconstruir el saber, en el medio escolar y con la orientación de un buen
maestro*. Tales conceptos han
de ser los instrumentos de conocimiento para que el estudiante comprenda -
durante su proceso formativo – las otras disciplinas, siendo vital que de buen
uso de su capacidad interpretativa, para darle paso a la comprensión; puesto
que interpretar “implica establecer relaciones y confrontar los diferentes
significados que configuran un hecho... tomar posición frente a lo planteado...
y permitir la comprensión de los significados de algo, en sus diversos
contextos”; es ahí donde el
concepto toma importancia, para que cada individuo tenga instrumentos de conocimiento
y pueda trascender en su proceso de operaciones mentales.
Al incrementar la capacidad de análisis, se faculta la toma de una posición
ante los hechos y acontecimientos – bien sean históricos o de nuestra
actualidad – y así, comprender los sucesos que ocurren a diario en la sociedad
y en la misma comunidad de la cual forma parte. Es decir, contextualizar los
efectos de un acontecimiento histórico en la vida actual. Esto, perfila los
saberes hacia la formación de la autonomía, la capacidad de juicio ético y la
proyección hacia los conocimientos futuros. “La ética, es o puede ser formativa
en cuanto que, al llevar a la conciencia del hombre las directrices que han de
orientar su conducta, influye en las decisiones de su albedrío, convirtiéndose,
de manera mediata, en factor determinante de la acción humana”; entonces, el saber
deberá estar orientado a la instalación de conceptos en la mente del aprendiz,
con un propósito bien claro: formar individuos con criterio ético para que
valoren y decidan lo que es mas justo en cualquier situación problémica.
Una alternativa apropiada será que la escuela tome un nuevo rumbo, que reforme
sus estructuras curriculares, que reformule sus metodologías y estrategias de
enseñanza y que se comprometa a formar las nuevas generaciones, para que
enfrenten los nuevos retos tecnológicos y las nuevas tendencias y realidades el
mundo de hoy. Así, la escuela deberá modelar en la mente de sus estudiantes
conceptos generales y abstractos, propios y esenciales, para que puedan
comprender y hablar el lenguaje de las ciencias actuales. Una escuela que
camine a la par con el mundo, que no desaproveche las oportunidades de utilizar
la herramienta tecnológica en pro de encausar los preconceptos de sus
estudiantes, para que estos se puedan desempeñar de manera competente, en
cualquier actividad.
Ya lo decía Gabriela Mistral en su poesía, que “para eso uno tiene que llevar
un poco de marino... un poco de pirata... un poco de poeta... y un kilo y medio
de paciencia concentrada”, para potenciar y maximizar las capacidades del
sujeto en formación, ayudándole a encontrar aquello para lo cual es bueno y
proyectarlo en la búsqueda de la superación y el servicio útil a la sociedad –
un día no lejano – como misión de la escuela, trabajar en el pleno desarrollo
de las potencialidades humanas.
Teniendo estas herramientas renovadas – saber y escuela -, solo falta la
irreemplazable labor del maestro, como medio para llevar a cabo los propósitos
de la educación. Sin embargo, el maestro deberá garantizar el dominio de los
aspectos relacionados con el desarrollo intelectual de sus discípulos para que
pueda potenciar y maximizar sus operaciones intelectuales, contribuyendo así,
en la formación de conceptos en esa búsqueda del desarrollo intelectual y
valorativo.
Un maestro que anime a sus alumnos a abordar problemas complejos, un maestro
que domine los conceptos y las leyes básicas de las ciencias, un maestro que
sepa que sus alumnos traen consigo preconcepciones del mundo y que vienen – a
la escuela – ansiosos por comprobar sus verdades y sus inquietudes. Entonces,
esta nueva generación de maestros debe ser pedagogos que dejen a un lado la
antigua imagen del maestro que dicta informaciones; en el caso de los
conceptos, “implica a la persona que aprende a establecer relaciones
significativas con los conceptos que ya posee, dependiendo de la solidez de su
propia estructura conceptual; es decir, cuanto más estructurada sea la red de
conceptos de una persona, mayor es su capacidad para comprender”, e implica – por
supuesto - un pedagogo que utilice todo su ingenio para activar las operaciones
intelectuales como el análisis, la síntesis, la comparación, la formulación de
hipótesis, la inducción, la deducción; en fin, incrementar la inteligencia en
sus discípulos.
Se necesita un maestro estratega con nuevas metodologías, para potenciar estas
capacidades que inciden directamente en la transformación de los saberes
reconstruidos en la escuela. Escuela, saber y maestro: la mejor opción para
educar verdaderos individuos innovadores de la cultura, autónomos y con
criterio ético ante la ciencia y las propuestas que ofrecen las tendencias
actuales.
Como maestros comprometidos, debemos responder a las directrices que el estado
nos propone a la luz de la ley General de Educación:
“Desde hace años muchos maestros del país han sentido la necesidad de innovar,
de buscar nuevas formas de enseñanza para entusiasmar a los alumnos con el
proceso de aprendizaje. En este contexto, el gobierno nacional promulgó en 1994
la Ley General de Educación. Esta ley abre espacios para hacer propuestas
novedosas y les da mayor responsabilidad a las instituciones educativas y a los
maestros en las decisiones pedagógicas.”

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